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EXPERIENCIAS FEMENINAS

 

Ya planté, no uno, sino muchos árboles y no sólo los planté sino que los cuidé; ya estoy teniendo una experiencia madre-hijo; y sólo me queda escribir un libro… Así que no puedo por menos que lanzarme a ello y no arredrarme ante este desafío

 

La verdad es que no sé muy bien cómo voy a comenzar a desarrollar este proyecto. Rara vez me he sentado frente a un ordenador con la intención de escribir más allá de un artículo o un guión para alguna conferencia.

Lo que sí tengo claro es que aquello que escriba nace desde el corazón. Si algo quiero es que este trabajo no se transforme en algo puramente científico e intelectivo, excesivamente estructurado, lleno de datos y datos y poco más.

Todo absolutamente todo está unido, es interdependiente y cualquier matiz de esta aventura tiene un impacto en cada una de nosotras, en cada uno de nosotros… Todos, todas, estamos creciendo porque hemos elegido hacerlo, porque hemos tenido esta inexcusable oportunidad y porque hemos querido aprovechar esto que forma parte de nuestras vidas, de nuestras experiencias externas e internas. Si algo he ido sintiendo es como crecía personalmente a la misma vez que se desarrollaba y surgía creativamente cada pincelada, cada instante, cada boceto, dibujándose, definiéndose de forma nítida en cada personaje, en cada actitud, en cada ser… A través de momentos infinitesimales, de todos los matices y coloridos se ha ido enhebrando el proceso de vida de cada uno, de cada una, sin prisas, sin pausas… Con diferentes energías puestas en juego, sincronizándose con respuestas variopintas que nacen de tendencias que estimulaban la mirada del alma, con necesidades de expansión y en otros casos de constricción, con color y también en grises y en blancos y negros… pero con la mirada puesta al interior, a lo profundo a lo que subyace, a lo simbólico, a lo esencial…atenta a la gracia, al fluir de la gran sinfonía de vida, que abarca el universo entero. Atenta a rodar por senderos y paisajes diversos, que la han ido dibujando, que han definido la manera de trabajar, que dieron forma a la profundidad del método.

Me resulta muy difícil, bueno más bien “difácil”, que es el término híbrido que me gusta utilizar y que significa, a veces fácil, a veces difícil y que da toques de color y diversidad a las experiencias, pues eso digo, que me resulta difícil estructurar toda esta información que surge de la experiencia cotidiana, tan rica y diversa, pero el trabajo intenso es lo que nos motiva y el entusiasmo por comenzar este nuevo derrotero. Reconocer que la inspiración es infinita y que el “todo es posible” me circunscribe al caos ordenado y es desde ahí que quiero plantear lo que escribo, desde el caos al orden, desde el análisis a la síntesis, desde lo partículas a lo general, desde lo individual a lo que colectivamente nos iguala y nos une…

Desde el amor que siento por el trabajo, por este lugar de trabajo, por la oportunidad de dar, de conformar la visión de una realidad creativamente positiva, doy las gracias a todos y a todas las personas, los seres que me han rozado siquiera un instante, dándome la oportunidad de mirarme, de sentirme, de entusiasmarme, de darme, de esforzarme, de motivarme…

EXPERIENCIA DE INTERVENCIÓN EN DISPOSITIVO RESIDENCIAL PARA MUJERES CON PROBLEMAS DE ADICCIÓN, CON O SIN HIJOS/AS A CARGO: CENTRO RESIDENCIAL PORTADAEX

Recuerdo que en tiempos del liderazgo de Ángel Gutiérrez en la FEXAD, allá por el último lustro de los 90, ya propuso la posibilidad de que APOYAT se transformara en un recurso de mujeres drogodependientes y aquello nos pareció una locura ya que la mujer para nada era visible, su presencia por los recursos era casi inexistente y pensamos que aquel proyecto nos abocaría al fracaso. Y así se quedó la cosa…

Seguimos trabajando en el Centro de tratamiento breve, mixto, con escasa presencia femenina.

Transcurrió el tiempo y durante un Congreso de Socidrogalcohol que se celebró en Cáceres, quizás hacia el año 2006, José Antonio Martínez Cansado, psicólogo de la Secretaría Técnica de Drogodependencias, nos vuelve a proponer la posibilidad de organizarnos en recurso para mujeres con problemas de adicción, quién sabe si con hijos e hijas a cargo, quién sabe si con parejas para poder trabajar los problemas relacionados con la convivencia y con la dependencia emocional. El caso es que las ideas se estaban fraguando y adquiriendo cuerpo. Y fuimos evolucionando del rechazo inicial y la consideración de que aquella idea era una locura a tener la visión de que era posible.

Otro gran cisma ocurría en todo este tiempo en nuestras propuestas de trabajo. Desarrollábamos a través del Centro de Tratamiento Breve un Programa Holístico que abarcaba la drogodependencia como punta de lanza de problemas subyacentes más profundos y amplios. Nos cansábamos del exceso de rotación de los/las usuarias y de que el trabajo terapéutico que se realizaba se diluyera en otros Programas de larga estancia. La petición de muchos y “algunas “digo algunas porque las mujeres no abundaban), de aquéllas personas que pasaron por “la casa”, desde el año 92, era la ampliación de la estancia y del Programa. Igual que a ellos y a ellas, se nos quedaba corto el tiempo de intervención; digamos que se nos quedaba la miel en los labios…

La oportunidad estaba servida, era aprovechar aquella opción del trabajo con mujeres para poder así ampliar el tiempo de estancia en el recurso y transformarlo en Comunidad Terapéutica.

Y lo que comenzó siendo descabellado se transformó en lo que todos y todas sabíamos: Había una deuda pendiente con las mujeres. Había que darle la visibilidad que merecía y aquélla aventura era posible.

La idea de Comunidad Terapéutica, a la usanza en que se estaba desarrollando el modelo, nos parecía igualmente rígida, ya que establecía un solo protocolo de intervención con diversas metodologías y modelos de C.T., pero sin abrirse a las múltiples posibilidades que te ofrece cada persona que accede al Programa. Nos gustó, tras debatir opciones, la flexibilización del protocolo de intervención y le dimos el nombre de “Centro Residencial”, para resaltar su carácter abierto a las  múltiples posibilidades de inclusión aprovechando las características de cada persona. Es decir, nos centramos básicamente en “conocer y diversificar”; para ello primaban las características propias de cada mujer, el trabajo por objetivos individuales y áreas que abarcaban la totalidad de variables multifuncionales de cada mujer y que generó tantas líneas de intervención como mujeres disfrutaban del Programa.

La metodología, más flexible desde antaño, se fue modificando de forma clara al entrar en contacto con la multiplicidad de factores que enriquecían  el universo de vida de cada mujer. Si algo teníamos claro es que entrábamos en contacto con las mejores  disimuladoras y simuladoras de los malestares, situaciones, conflictos y realidades, para que quedaran encubiertos con la pátina de la obediencia, de la exigencia del rol preciso y perfecto, de la “normalidad establecida”.

No necesitábamos encubrir más el desasosiego interno, la rebeldía y los impulsos, evitando con normas que se manifestara, necesitábamos, como equipo terapéutico, abrirnos a la expresión de la crisis, que ésta aflorara, si queríamos una oportunidad de entrar en aquel vasto mundo. Entrábamos en el mundo de lo antagónico. Algo que en principio se considera negativo para la convivencia en dispositivos residenciales, se tornaba en un factor vital para poder iniciar el proceso terapéutico, para crear el vínculo cercano y personal profundo que trasciende la visión de la realidad, la “normalidad” aparente, de cada mujer.

Nuestro principal propósito consiste en ofrecer una visión distinta para que cada mujer aprenda a gestionar y transformar los mundos de sufrimiento, para que se entrene en la felicidad, en el estar bien, con el vértigo que lleva implícito este trabajo, este entrenamiento.

Otra tendencia manifiesta, es el papel pasivo que desempeñan las mujeres en cuanto a la autonomía afectiva,  la gestión de las emociones, siempre “en espera de que venga alguien a salvarlas o a condenarlas”. Hacerles comprender que no éramos salvadores/as, ni verdugos/as era esencial para que comenzaran a ser creadoras, proactivas con la dirección y los matices que desearan en su vida.

¡Oh! ¡Cuánto tiempo estando bajo el yugo de lo establecido! Es realmente una aventura de héroes y heroínas querer salir de la rutina, de la costumbre del sufrimiento, de la pasividad, de la complacencia a cualquier precio, generalmente a un alto coste de estima para las mujeres. Pero se trata de romper con las costumbres tradicionales y culturales de miles de años en pro de la propia felicidad… Por ello insisto, que es una tarea de valientes, que requiere tiempo, unas condiciones de vida determinadas y un entrenamiento constante.

Revitalizar, acompañar, procurar elevar la vibración, construir una nueva visión, un nuevo paradigma, aprovechando las cualidades y talentos innatos de la mujer por los que también ha sido posible subyugarla: La capacidad de dar y de amar por encima de sí mismas, la capacidad de trascender el dolor físico y las necesidades propias, ante el sufrimiento de los que la rodean, posponiendo su sustento afectivo,  a cualquier precio. Y ya no nos sirve cualquier elección, ni cualquier decisión, ni cualquier pareja o relación, ni cualquier reacción o respuesta por nuestra parte.

Francisca Hidalgo Ortiz
Coordinadora de APOYAT

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